Panamá es un país que me ha sorprendido muy gratamente. Yo cuando pensaba en Panamá, automáticamente me venía a la mente el famoso Canal de Panamá, pero ya está. Sin embargo, he descubierto que es un país que ofrece muchísimo, y con muchos menos turistas que en Costa Rica.
La visita a Panamá se me

dividió en dos partes. Por una parte, y aprovechando que me fui al norte de Costa Rica, por la zona de Manzanillo, aproveché la cercanía para pasar desde ahí a Panamá para visitar el archipiélago de Bocas del Toro. De ahí regresé de nuevo a Costa Rica.
Y por último, después de visitar el P

arque Nacional de Corcovado volví a entrar a Panamá, aunque esta vez por el sur, y ya de manera definitiva antes de regresar a Ecuador.
El archipiélago de Bocas del Toro es un grupo de islas que se encuentra en el mar Caribe. Son más grandes y algo más montañosas que los cayos de Belice. Las islas más famosas son la isla

Colón, donde se encuentra el pueblo de Bocas del Toro, y la isla de Bastimentos, donde se encuentra el pueblo de Bastimentos.
Bocas del Toro es algo caro y está lleno de turistas, así que decidí ir a Bastimentos. Para llegar tomé una lancha que me llevó por un canal precioso antes de adentrarse en el mar y llegar a Bocas del Toro

. Desde ahí tomé otra pequeña lancha para llegar a Bastimentos.
El pueblo de Bastimentos era precioso, sin carreteras y con tan sólo un caminito de cemento que discurría entre las casas de madera. La gente aquí es muy parecida a las gentes de Belice, tienen la misma ascendencia africana y el mismo color de piel.

A través de un sendero completamente embarrado por las lluvias de los últimos días cruzo andando la isla para llegar a unas playas muy bonitas en el otro extremo.
La segunda vez que entré a Panamá llegué hasta el pueblo de Boquete

. Éste es un pueblo precioso, en medio de las montañas, con un clima frío. Realmente podría pasar por un pueblo de los Alpes.
Al lado de este pueblo se encuentra el Parque Nacional Volcán Barú. La cima del volcán Barú es el punto más alto de Panamá, con 3.475 msnm. Yo dedico un día a hacer una caminta casi épica, que t

odos me dicen que es imposible de realizar cuando se lo comento, pero yo finalmente lo consigo.
Me levanto a las 6:00 y asciendo primeramente a la cima del volcán Barú por un camino de pista muy sencillo. El tiempo es bueno y desde lo alto puedo contemplar una extraordinaria vista que llega hasta el océano Pacífico. Por desgracia, la parte del mar Caribe está nublada.
Como he subido tan rápido, decido realizar la bajada por un camino

diferente, mucho más bonito. Es un sendero pesado que baja por la otra parte del volcán hasta llegar al pueblo de Cerro Punta. Desde aquí empieza otro sendero llamado el Sendero de los Quetzales. Por desgracia no veo ningún quetzal, tan sólo oigo a este extraordinario pájaro. De todas maneras el sendero es precioso e incluso pasa por un bosque nublado. Al final llego a Boquete de nuevo sobre las 19:00,

rendido de cansancio.
Por si no tuviese bastante, de Boquete me dirijo a otro pueblo en las montañas llamado Santa Fe, que es mucho menos turístico. Es un pueblo sencillo pero agradable. Desde aquí hago una caminata a una cascada preciosa en medio del bosque. Aquí todo es pura naturaleza.
Antes de llegar a la capital aún realizo una breve visita a el pueblo de El Valle. Este pueblo rodeado de montañas e

s también muy bonito, y además tiene un mercado de artesanías y más cosas precioso. Desde aquí también se pueden hacer caminatas por la montaña, pero ya no dispongo de más tiempo.
Llego a Panamá City en pleno carnaval. La ciudad está vacía, salvo en el punto neurálgico de la ciudad, donde hay miles y miles de personas celebrando la fiesta y mojándose unos a otros con agua.
De Panamá City visito el casco antiguo. Realmente es uno de los más bonitos que yo he visitado, sin duda el más bonito de las capitales centroamericanas. Hay

unas casas de madera de colores preciosas, y además todo el casco antiguo está situado en una punta de mar.
Pero sin duda lo más espectacular es el asombroso Canal de Panamá. Yo en concreto visito las esclusas de Miraflores, y tengo la suerte de ver pasar a varios barcos. Es algo increíble, una obra de ingeniería

alucinante, como yo nunca había conocido.
Es increíble conocer los procedimientos usados para que los barcos pasen del océano Pacífico al mar Caribe, y de ahí ya al océano Atlántico. Para ello se utilizan tres esclusas que sirven para ascender al barco desde el nivel del mar hasta los 32 metros del Lago de Gatún, y posteriormente volver a bajarlo al nivel del mar.
Por fin ya me regreso finalmente a Quito el 1 de marzo desde Panamá City. El 3 de marzo ya marcho hacia España, siete meses después, tras tantas y tantas experiencias vividas en Latinoamérica...