Espero que os guste mi blog. Lo he hecho con mucho cariño para todos vosotros. Pretendo manteneros informados de todas mis andanzas por aquí­. Y que sirva para que paséis un rato entretenido y divertido. Espero vuestras sugerencias y comentarios. Si lo deseáis podéis firmarme en mi libro de visitas.

martes, mayo 09, 2006

CON TRISTEZA ANUNCIO EL FIN DE ESTE BLOG

Tras siete meses de aventuras en el Ecuador y muchos más lugares de Latinoamérica, y seis de esos siete meses de haber contribuido con mi granito de arena en Cuenca durante mi etapa de voluntariado, finalmente estoy de vuelta en España.
Por desgracia, me guste o no, me doy cuenta de que ya tengo pocas cosas que contar en el blog. Considero que la rutina diaria de mi trabajo en mi Proyecto Final de Carrera ó tesis no es tema suficientemente interesante ni ameno como para publicarlo en mi blog y despertar un ápice de interés entre los lectores.
Es por ello que he tomado la difícil decisión de dar por finiquitado mi blog. Sin embargo, estoy convencido de que éste no va a ser el único blog que realice, sin duda habrá más en el futuro, cuando me encuentre en el exterior trabajando en cualquier lugar del mundo haciendo algo útil y que me guste, o al menos así lo espero...
Agradezco a todos los que con asiduidad o sencillamente cuando habéis tenido un rato libre, habéis seguido mis aventuras y habéis contribuido con vuestros comentarios y mensajes a darle vida al blog, acompañándome en lo que han sido mis inolvidables vivencias ecuatorianas...
Jamás olvidaré a un país como el Ecuador, para el que siempre habrá un sitio en mi corazón, ni a todos los amigos que pude hacer allí, con los que tantos momentos buenos pude compartir.
No quiero despedirme sin dejar de recordaros que el blog continuará disponible en este espacio, aunque ya no publique más entradas. Es por ello que siempre que lo deseéis podréis acceder a él para leer cualquiera de los 104 artículos publicados desde julio de 2005, por si os falta por leer alguno o pensáis que os pueden ser de utilidad para alguno de vuestros viajes. Asimismo, dejaré habilitada la caja de mensajes y el libro de visitas para los que queráis hacer uso de los mismos.
Muchísimas gracias a todos por vuestro fiel seguimiento, y hasta la próxima...

martes, abril 25, 2006

PANAMÁ

Panamá es un país que me ha sorprendido muy gratamente. Yo cuando pensaba en Panamá, automáticamente me venía a la mente el famoso Canal de Panamá, pero ya está. Sin embargo, he descubierto que es un país que ofrece muchísimo, y con muchos menos turistas que en Costa Rica.
La visita a Panamá se me dividió en dos partes. Por una parte, y aprovechando que me fui al norte de Costa Rica, por la zona de Manzanillo, aproveché la cercanía para pasar desde ahí a Panamá para visitar el archipiélago de Bocas del Toro. De ahí regresé de nuevo a Costa Rica.
Y por último, después de visitar el Parque Nacional de Corcovado volví a entrar a Panamá, aunque esta vez por el sur, y ya de manera definitiva antes de regresar a Ecuador.
El archipiélago de Bocas del Toro es un grupo de islas que se encuentra en el mar Caribe. Son más grandes y algo más montañosas que los cayos de Belice. Las islas más famosas son la isla Colón, donde se encuentra el pueblo de Bocas del Toro, y la isla de Bastimentos, donde se encuentra el pueblo de Bastimentos.
Bocas del Toro es algo caro y está lleno de turistas, así que decidí ir a Bastimentos. Para llegar tomé una lancha que me llevó por un canal precioso antes de adentrarse en el mar y llegar a Bocas del Toro. Desde ahí tomé otra pequeña lancha para llegar a Bastimentos.
El pueblo de Bastimentos era precioso, sin carreteras y con tan sólo un caminito de cemento que discurría entre las casas de madera. La gente aquí es muy parecida a las gentes de Belice, tienen la misma ascendencia africana y el mismo color de piel.
A través de un sendero completamente embarrado por las lluvias de los últimos días cruzo andando la isla para llegar a unas playas muy bonitas en el otro extremo.
La segunda vez que entré a Panamá llegué hasta el pueblo de Boquete. Éste es un pueblo precioso, en medio de las montañas, con un clima frío. Realmente podría pasar por un pueblo de los Alpes.
Al lado de este pueblo se encuentra el Parque Nacional Volcán Barú. La cima del volcán Barú es el punto más alto de Panamá, con 3.475 msnm. Yo dedico un día a hacer una caminta casi épica, que todos me dicen que es imposible de realizar cuando se lo comento, pero yo finalmente lo consigo.
Me levanto a las 6:00 y asciendo primeramente a la cima del volcán Barú por un camino de pista muy sencillo. El tiempo es bueno y desde lo alto puedo contemplar una extraordinaria vista que llega hasta el océano Pacífico. Por desgracia, la parte del mar Caribe está nublada.
Como he subido tan rápido, decido realizar la bajada por un camino diferente, mucho más bonito. Es un sendero pesado que baja por la otra parte del volcán hasta llegar al pueblo de Cerro Punta. Desde aquí empieza otro sendero llamado el Sendero de los Quetzales. Por desgracia no veo ningún quetzal, tan sólo oigo a este extraordinario pájaro. De todas maneras el sendero es precioso e incluso pasa por un bosque nublado. Al final llego a Boquete de nuevo sobre las 19:00, rendido de cansancio.
Por si no tuviese bastante, de Boquete me dirijo a otro pueblo en las montañas llamado Santa Fe, que es mucho menos turístico. Es un pueblo sencillo pero agradable. Desde aquí hago una caminata a una cascada preciosa en medio del bosque. Aquí todo es pura naturaleza.
Antes de llegar a la capital aún realizo una breve visita a el pueblo de El Valle. Este pueblo rodeado de montañas es también muy bonito, y además tiene un mercado de artesanías y más cosas precioso. Desde aquí también se pueden hacer caminatas por la montaña, pero ya no dispongo de más tiempo.
Llego a Panamá City en pleno carnaval. La ciudad está vacía, salvo en el punto neurálgico de la ciudad, donde hay miles y miles de personas celebrando la fiesta y mojándose unos a otros con agua.
De Panamá City visito el casco antiguo. Realmente es uno de los más bonitos que yo he visitado, sin duda el más bonito de las capitales centroamericanas. Hay unas casas de madera de colores preciosas, y además todo el casco antiguo está situado en una punta de mar.
Pero sin duda lo más espectacular es el asombroso Canal de Panamá. Yo en concreto visito las esclusas de Miraflores, y tengo la suerte de ver pasar a varios barcos. Es algo increíble, una obra de ingeniería alucinante, como yo nunca había conocido.
Es increíble conocer los procedimientos usados para que los barcos pasen del océano Pacífico al mar Caribe, y de ahí ya al océano Atlántico. Para ello se utilizan tres esclusas que sirven para ascender al barco desde el nivel del mar hasta los 32 metros del Lago de Gatún, y posteriormente volver a bajarlo al nivel del mar.
Por fin ya me regreso finalmente a Quito el 1 de marzo desde Panamá City. El 3 de marzo ya marcho hacia España, siete meses después, tras tantas y tantas experiencias vividas en Latinoamérica...

COSTA RICA

Y por fin llego a Costa Rica, uno de los países que más ilusión tenía por visitar. Llego desde San Juan del Sur, en Nicaragua,
acompañado de Pablo. Lo primero que nos llama la atencón al entrar en Costa Rica es el empeoramiento de las carreteras.
Para ir desde la ciudad de Liberia, en el interior del país, hasta el pueblo costero de Playa Tamarindo, la carretera no es más que una pista de tierra y piedras, con continuos baches en los pocos tramos asfaltados que hay. Y es que aunque parezca contradictorio, Costa Rica es el país más avanzado de Centroamérica pero sin embargo posee las peores carreteras.
El aceptable estado económico de Costa Rica se basa mayoritariamente en el turismo, pieza angular de la economía tica. Hay que decir que Costa Rica es el país centroamericano más caro con diferencia. En la buena economía posiblemente influya que es un país muy pacífico, que nunca se ha involucrado en guerras inútiles, y que sorprendentemente no tiene ejército y le va muy bien así. Indiscutiblemente sigue habiendo pobreza en este país, aunque menos que en el resto de Centroamérica.
La mayor parte de turistas que visitan este lindo país son norteamericanos. Muchos norteamericanos se retiran en su país y vienen aquí a vivir y disfrutar.
La mejor prueba está en Playa Tamarindo. Esta playa del Pacífico está plagada de norteamericanos, lo cual le ha valido el apodo de "Playa Tamagringo". Es una playa preciosa, muy larga, donde vienen muchos a hacer surf. Pablo y yo nos la recorremos enterita andando.
De aquí vamos a la capital San José. Nos separamos definitivamente ya que él va a estar con una amiga suya y el novio, y yo me voy a visitar a mi buen amigo Félix.
Antes de ver a Félix visito todo el centro de San José. Es una ciudad muy bonita y con unos monumentos y parques muy interesantes. Por fin me reencuentro con Félix, varios meses después. Félix es un chico costarricense que era voluntario UNITeS como yo en el Ecuador, concretamente en la capital Quito. Por diferentes motivos tuvo que dejar el país y se regresó a Costa Rica, residiendo y trabajando ahora en la capital. Félix vino a visitarme a Cuenca en septiembre con Elisa, como podeis comprobar en este mismo blog. Hice bastante amistad con él y antes de lo que yo pensaba ya le estoy visitando de nuevo.
Me alojo en la casa de la tía de Félix, donde él vive actualmente. Mientras Félix trabaja voy un día a visitar el Parque Nacional Volcán Poás, cerca de San José. Tengo la mala suerte de que está todo nublado y no veo nada; una pena, porque aquí hay dos bocas de cráter, y en una de ellas hay una laguna con un agua de un color muy bonito.
Para el fin de semana ya hay un plan. Iremos con tres amigas de Félix a la casa de la amiga de una de ellas en la costa del Caribe, concretamente en una playa al lado del pueblo de Manzanillo. Las amigas se llaman Carol, Vivi y Gina, y son enormemente simpáticas y muy buenas chicas. Félix y yo vamos en bus hasta Siquirres y desde allí nos dirigimos en el carro de Gina a Manzanillo.
Pasamos por el pueblo de Puerto Viejo de Talamanca, donde está lleno de extranjeros, la mayoría hippies. La casa está muy chula, casi en medio de la selva, y muy cerquita está la playa. Damos un paseo por esta playa, que me parece preciosa por no estar aún explotada turísticamente, con lo cual ves de verdad esa mezcla de playa virgen rodeada de abundante vegetación.
Por desgracia el primer día no tenemos muy buen tiempo y no nos bañamos. Yo al día siguiente me voy al archipiélago de Bocas del Toro, en Panamá, mientras ellos descansan aquí. Aún así me da tiempo por la mañana temprano de dar un gran paseo por la playa. Tras pasar un día en Panamá regreso adonde están ellos.
Ya nos volvemos, y de camino aún paramos en la ciudad de Puerto Limón, de mayoría negra. Aquí nos despedimos de Carol, Vivi y Gina, con las que había hecho buena amistad, y Félix y yo nos volvemos en bus a la capital.
Me despido de mi buen amigo Félix agradeciéndole todas las atenciones prestadas, que han sido muchas, y me dirijo al sur, al Parque Nacinal Manuel Antonio, en la costa del Pacífico. Este P.N. es muy bonito aunque extremadamente saturado por el turismo. Está al lado de playas preciosas y se pueden ver animales exóticos en su ambiente natural como perezosos o monos, entre otros muchos.
El último parque nacional que visito es el Parque Nacional de Corcovado, un poco más al sureste. Este P.N. sí que es precioso, y además no llegan demasiados turistas hasta aquí. Es un parque muy virgen, muy grande, donde puedes pasar varios días caminando y acampando. Por desgracia yo sólo dispongo de un día, aunque lo aprovecho bien dando una buena caminata entre sus increíbles playas y bosques.

NICARAGUA

Desde San Salvador tomo un autobús de madrugada que tras cruzar parte de El Salvador, de Honduras y de Nicaragua me lleva finalmente hasta la ciudad de León, en Nicaragua. Esta ciudad está un poco antes de la capital Managua.
Por aquí hace un calor pegajoso y muy agobiante, sobrepasando los 30 ºC. La ciudad de León es muy bonita. Nuevamente es una ciudad colonial con una arquitectura muy parecida a la que se podría ver en muchos pueblos de España. Las casas son las típicas de pueblo, con patios interiores muchas veces al aire libre.
Además, cuando ya cae el sol, los habitantes de las casas, especialmente los más mayores, agarran su silla y se sientan en la acera de la calle a ver pasar a la gente. León es una ciudad muy tanquila y muy agradable.
De León paso a Granada, otra ciudad colonial pasando Managua, adonde tan sólo paso para cambiar de bus. En Granada me vuelvo a encontrar con mi amigo Pablo, que ya ha terminado su contrato de trabajo en Guatemala y vamos a coincidir unos días viajando, pues los dos nos dirigimos hacia Panamá, aunque él con menos tiempo que yo.
Granada también es preciosa, muy parecida a León aunque con más turistas. Se puede dar un agradable paseo y contemplar las innumerables iglesias que hay en la ciudad. Aquí conocemos a un señor de la Granada española, de 53 años, que está viajando solo durante tres meses por Centroamérica, aunque él va de abajo hacia arriba.
Perdemos dos días porque queremos visitar la isla de Ometepe, que se encuentra en el Lago de Nicaragua. Sin embargo, por culpa del tiempo no cruza ningún barco hacia la isla, con lo que tras dos días esperando a que amaine el viento perdemos la esperanza y nos marchamos. Es una pena porque se trata de una isla preciosa, con dos volcanes impresionantes y playas preciosas.
En el costero pueblo de San Juan del Sur tan sólo nos da tiempo de dar una vuelta y contemplar la linda playa.

EL SALVADOR

Desde Honduras me dirijo al sur para entrar al pequeño país de El Salvador. Este pequeño país tiene una historia reciente bastante dura, con una guerra civil muy sangrienta para defender los derechos de los indígenas y con una serie de catástrofes naturales, como terremotos, que han mermado mucho al país.
A pesar de todo, y como casi la mayoría de los países de Centroamérica, recibe una importante ayuda en materia de cooperación internacional, especialmente de la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional).
Aquí hace mucho calor por estas fechas de febrero, ya que estamos en pleno verano. El calor es bastante agobiante y se hace complicado dormir si no tienes un ventilador.
Visito el pueblo de Suchitoto. Este pueblo se convirtió en un importante protagonista dentro de la guerra civil que se produjo. Actualmente está muy remodelado, y se ha covertido en una ciudad muy bonita, también colonial, como muchas de las de Centroamérica.
Al lado de Suchitoto está el lago Suchitlán, un lago grande y bonito donde uno se puede relajar y disfrutar de la calma.
Por la noche disfruto en el Tetro de las Ruinas de la Orquesta Sinfónica de El Salvador. Parece que hacen conciertos y eventos culturales gratuitos para que la gente pueda disfrutar de ellos, especialmente los más jóvenes.
De Suchitoto me dirijo a la capital de El Salvador, San Salvador. Es una ciudad grande y bulliciosa, con mucha contaminación. Prácticamente todo el centro es un gran mercado con venta de toda clase de objetos, y es muy interesante contemplar todo este bullicio.
Tanto en El Salvador como en otros países como Guatemala y Honduras, tienen el problema de las maras, grupos de jóvenes violentos que suelen salir por las noches.

HONDURAS

Desde Belice pasé a Guatemala de nuevo. Visité Livingston, Río Dulce y las ruinas mayas de Quiriguá. Dormí en la ciudad de Chiquimula y desde ahí pasé ya a Honduras. En concretó pasé al pueblo de Copán Ruinas. Este pueblo está al lado de las famosas ruinas de Copán, a muy pocos kilómetros de la frontera con Guatemala.
Las ruinas mayas de Copán son de las más importantes dentro del ámbito maya, pues en su época fueron una importante ciudad para los mayas. Realmente hay que dedicarle varias horas para verla con detenimiento, aunque no requiere tanto tiempo como las ruinas de Tikal.
Son unas ruinas muy bonitas, difernetes a las de Tikal. A mí personalmente me gustaron más las de Tikal, pero las de Copán son preciosas también.
Existe una escalinata preciosa donde se cuenta a través de jeroglíficos la historia de la casa real de Copán. Lo malo es que tiene una lona encima para protegerla de las inclemencias meteorológicas que impide tomar una buena foto.
Otra de las cosas que más me impresionan de las ruinas de Copán es el campo de pelota. Aunque ya había visto otros en otras ruinas, éste se encuentra en un gran estado de conservación. Los campos de pelota no servían para un mero deporte, sino que el deporte de pelota representaba más bien un acto religioso. Los que se enfrentaban representaban la lucha del bien contra el mal, y los perdedores solían ser sacrificados.
De las ruinas de Copán seguí hacia el sur hasta el pueblecito de Gracias. Es un puebo muy bonito en medio de las montañas, con un clima fresco y sano.
Sin embargo, a mí lo que me atrajo hasta aquí es la cercanía del Parque Nacional de Celaque. En este parque se encuentra el Cerro Las Minas, de 2.849 msnm. La cumbre de este cerro representa el punto más alto de Honduras, y de todos es sabido la afición que tengo yo por ascender montañas.
La ascensión es durísima. Salgo a las 4 de la madrugada y regreso a las 19:00 de la tarde, es decir, 15 horas de dura caminata. Tengo mala suerte y hace mal tiempo en mi ascensión. Sin embargo, el sendero es precioso. Asciendo a través del Sendero del Gallo y luego a través del sendero principal.
En la parte final te adentras en un espectacular y fantasmagórico bosque nublado. Es realmente de película, jamás había estado rodeado de un ambiente así, con la ligera llovizna, el viento aullando de fondo, los altos árboles llenos de moho y la tenebrosa niebla a mi alrededor, mientras asciendo solo entre el fango y con los huesos calados por el frío y la lluvia.
Al fin consigo hacer cima, y aunque la altura no sea excesiva, jamás olvidaré esta ascensión.
Desde aquí seguí hacia el sur para entrar al pequeño país de El Salvador.

BELICE

Desde la mexicana ciudad de Chetumal pasé ya a Belice, de nuevo hacia el sur tras mi ligera incursión hacia el norte para atisbar algo de México.
Al primer lugar que llegué de Belice fue a Belice City, que aunque por el nombre lo parezca, no es la capital, siendo ésta Belmopan, una ciudad un poco al interior sin nada de interés y que tan sólo pisé para cambiar de autobús.
Lo primero que me llamó la atención al pisar Belice City fue la gente. Es gente diferente al resto de Centroamérica. Para empezar hay una mezcla muy rica de diferentes razas, pudiéndote encontrar negros, blancos o mulatos, entre otros. A diferencia del resto de Centroamérica, el idioma predominante no es el español, a pesar de estar rodeado de países de habla hispana. Aquí hay una mezcla de idiomas muy rica, y la gente puede hablar inglés, español, garífuna o criollo.
La mayoría son descendientes de esclavos africanos que traían hace muchos años para trabajar. Uno se queda embobado escuchándoles hablar en su propia lengua y con su forma de vestir, parece de película.
Belice es un país pequeño, a orillas del mar Caribe. En su costa existen existen una serie de pequeñas islas rodeadas de cristalinas aguas de poca profundidad llenas de coral, conocidas como los cayos. Estas pequeñas islas marcan el gran contraste existente en este país. Mientras la mayoría de las gente se muere de hambre en las ciudades, los ricos extranjeros disfrutan del lujo en los cayos.
Tan sólo hay un cayo que es para mochileros y no es tan caro; se trata de Caye Caulker, que es adonde yo me dirijo después de visitar la interesantísima ciudad de Belice.
Realmente esto es el paraíso. De camino en la lancha te encuentras una isla que es enteramente un campo de golf, y el patrón del barco nos va contando que aquí tienen tienen su propia isla muchos famosos, como Leonardo Di Caprio o Madonna, entre otros. Este país de Belice está repleto de estadounidenses, pues no tienen que pagar visado para entrar al país.
La isla de Caye Caulker no mide más de 6 kilómetros de largo, y doy la vuelta a la isla por un precioso e intransitado sendero. Incluso tiene una pequeña pista de aterrizaje para las avionetas que llegan y se van de vez en cuando.
Lo más bonito es el tour que contrato para hacer snorkeling (buceo de superficie) a tan sólo unos cientos de metros de la costa. El agua es increíblemente transparente, de un color azul como yo nunca había visto. Buceamos entre los corales y los peces de vivos colores; es precioso.
Sin embargo, la guinda es en la última parada de la lancha. Nos tiramos al agua, de apenas un metro de profundidad, haciendo pie, y el patrón de la lancha lanza pescado al agua. Nos rodean en ese instante decenas de mantas rayas gigantes y tiburones. Te tocan las piernas y te hacen cosquillas, es una sensación indescriptible tener tan cerca a estos bellos animales y poder tocarlos con tus propias manos.
Éste es un lugar ideal para perderse y relajarse durante un tiempo, aunque lamentablemente es algo caro para el que no dispone de un bolsillo demasiado solvente.
Regreso al continente y desde Belice City me desplazo al sur del país, a Punta Gorda. Desde aquí cruzo en lancha la Bahía de Amatique para llegar a Livingston, ya en Guatemala.